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domingo, 8 de abril de 2012


En un día como hoy, 19 de abril, pero de 1825, la playa de la Agraciada o “Graseada”, también conocida como Arenal Grande, en el departamento de Soriano, se vio invadida al amanecer por un misterioso y acechante grupo de hombres orientales.
Procedentes de las costas argentinas, desde donde se había fraguado el movimiento por parte de la logia masónica de los Caballeros Orientales, los revolucionarios partieron en dos grupos, uno comandado por el teniente Coronel Manuel Oribe, y el otro por el Coronel Juan Antonio Lavalleja, comandante a su vez de toda la expedición.
Tras haberse reunido ambas comitivas el 17 de abril en la isla de Brazo Largo, proceden al desembarco en la célebre playa de la Agraciada el día 19 de abril.
Las acciones militares que siguieron a este movimiento fueron la toma de Dolores y de Villa Soriano, pero su principal destaque histórico fue el ser el causante de la llamada Cruzada Libertadora, movimiento que diera origen a la Independencia Nacional declarada el 25 de agosto de 1825.

Lista de los 33 Orientales redactada por Juan Antonio Lavalleja. Existen otras 16 listas…
Actualmente éste hecho histórico es representado inevitablemente por el conocido cuadro “El Juramento de los 33 Orientales”, obra del “pintor de la Patria” Juan Manuel Blanes, en el cual aparecen, efectivamente, 33 hombres rindiéndole juramento a la bandera tricolor atravesada por el emblema de LIBERTAD O MUERTE.
Sobre el número de participantes existen varias versiones, muchas de ellas coincidiendo en que reflejan un simbolismo masónico, basado en la representación del 33 como grado jerárquico superior en la masonería del Rito Escocés.
Se debe recordar también que los organizadores de la Cruzada Libertadora fueron los integrantes de los Caballeros Orientales, logia masónica creada en 1814 en Montevideo por Carlos Maria de Alvear con fines independentistas; y que el mismo Lavalleja pertenecía a la masonería.

Obelisco recordatorio levantado por orden de Domingo Ordoñana en 1863, en el punto exacto donde se produjera el desembarco de los 33 Orientales
Para crear su famoso cuadro, Juan Manuel Blanes se traslada a la playa de la Agraciada para influirse de la misma atmósfera natural que rodeó a los patriotas. En la ocasión se alojó en la estancia Casa Blanca, de Domingo Ordoñana, a la que asistió junto a su hijo y  el botánico José de Arechavaleta, por el año 1877.
El Juramento de los 33 orientales fue expuesto en Montevideo en 1878, con un gran flujo de publico deseoso de contemplar la representación de uno de los hitos forjadores de la “Patria”, que por días frecuentaron el taller de Blanes, tras el pago de 4 centésimos en beneficio de la Sociedad San Vicente de Paúl, pero a cambio de dicha suma cada visitante se llevaba un envoltorio con arena de la mismísima playa de La Agraciada, de la cual rebosaba el taller del pintor y que se había traído explícitamente para inspiración de éste.

Desembarco de los 33 Orientales


19 de abril de 1825: Desembarco de los Treinta y Tres Orientales

                         33

El “Desembarco de los Treinta y Tres Orientales” el 19 de abril de 1825,  o como también se la denomina “Cruzada Libertadora”, ha sido considerado por distintos historiadores como uno  de los acontecimientos más importantes de nuestra historia. Se lo ha valorado como el hecho que dio inicio al levantamiento oriental contra los ocupantes  que desde 1820 dominaban el territorio de la actual República Oriental del Uruguay.  El término “Cruzada Libertadora”  fue  utilizado muchos años después, en 1863, a raíz del levantamiento del general Venancio Flores contra el presidente constitucional Bernardo P. Berro por lo que algunos investigadores no usan ese término para referirse a este suceso.
Como se mencionó, desde 1820 los portugueses primero y desde 1823 los brasileños después, tuvieron el control del territorio oriental. El gobernador brasileño era Carlos Federico Lecor. Los ocupantes practicaron una política económica que perjudicaba a la mayoría de los orientales con arreadas de ganado hacia Brasil y reparto de suertes de estancia entre los jefes del ejército. Por otra parte  muchos caudillos orientales, por distintos motivos, colaboraban con los brasileños. En 1823 los orientales emprendieron un movimiento revolucionario, que sin apoyo en la campaña, fue derrotado. Por esta razón,  los jefes del mismo debieron emigrar hacia Buenos Aires. Desde allí comenzaron a organizar una expedición que les permitiera volver al territorio oriental y liderar un nuevo levantamiento. A este respecto el historiador Alfredo Castellanos cita las memorias de uno de los participantes, Luis Ceferino de la Torre, el que sostiene,  “Se hallaban emigrados en Buenos Aires muchos patriotas orientales que habían tomado parte activa en los sucesos del año 1823 en Montevideo con la esperanza de dar libertad a la Provincia dominada por los portugueses desde 1817 que la invadieron”
“La batalla de Ayacucho ganada por los patriotas en diciembre de 1824 –que decidió los destinos de América Latina -, inflamó el patriotismo de estos emigrados que reunidos en la casa de comercio que regenteaba don Luis Ceferino de la Torre firmaron espontáneamente un compromiso jurando sacrificar sus vidas en la libertad de su patria dominada por el Imperio del Brasil.”
“Siete fueron los patriotas iniciadores y que contrajeron ese heroico compromiso: Dn. Juan Antonio Lavalleja; su hermano, Dn. Manuel, Dn. Manuel Oribe, Dn. Luis Ceferino de la Torre, Dn. Pablo Zufriategui, Dn Simón del Pino, y Dn. Manuel Meléndez, nombrando enseguida unánimemente a Dn. Juan Antonio Lavalleja jefe de la empresa”. (1)
Para darles sustento a los emigrados así como para organizar reuniones, se utilizaron diferentes saladeros como el arrendado por Lavalleja en Buenos Aires y el de Trápani en la Ensenada de Barragán. Otro local de reunión fue el comercio de C. de la Torre. Asimismo se constituyó una comisión encargada de recolectar dinero y pertrechos de guerra. Numerosos estancieros y comerciantes colaboraron, muchos con la intención de asentarse en nuestras tierras. El gobierno de Buenos Aires oficialmente adoptó una posición de neutralidad aunque en la práctica toleró y cooperó con los preparativos revolucionarios.
Luego de culminados los preparativos, un primer grupo de  expedicionarios, según Juan Spikerman, se embarcaron en las costas de San Isidro el 1 de abril de 1825, comandados por  Manuel Oribe. Este grupo desembarcó y acampó en una isla formada por un ramal del río Paraná, llamada “Brazo Largo”.
El segundo grupo, comandado por  Juan A. Lavalleja, partió después y fue demorado por un fuerte temporal, por lo que los dos contingentes se reunieron el 15 de abril. Desde Brazo Largo navegaron por el río Uruguay en la noche del 18, luego de sortear las naves de patrulla brasileñas.
Al amanecer del 19 de abril desembarcaron, según la tradición, en la playa de La Agraciada, en el actual departamento de Soriano.
Luego de desembarcar, Lavalleja con el resto del grupo, pronunció el célebre juramento de liberar la Patria o morir en el intento, enarbolando la bandera tricolor, con la leyenda central de “Libertad o Muerte”.
Previamente, distintos emisarios habían realizado contactos en la costa para obtener caballos y apoyo. Si bien  en un primer momento a causa de la vigilancia brasileña, los expedicionarios carecieron de caballos luego fueron auxiliados por distintos patriotas.
Con este acontecimiento se dio inicio al levantamiento que finalmente concluiría con la creación del Estado Oriental.
Uno de los puntos más polémicos entre los historiadores ha sido el número de expedicionarios, ya que existen varias listas. Actualmente, se sostiene que el número de personas fue variando durante  del transcurso de la expedición y que formaron parte de la misma paraguayos, argentinos, afrodescendientes y otros sin filiación conocida.

(1)   Castellanos, R,, “La cisplatina, la independencia y la república caudillesca”, Editorial Banda Oriental y La República, 1998.

Extraído de http://www.uruguayeduca.edu.uy